Blog

Vías excelentes muy bien bautizadas

Christian Ravier es un maestro abriendo vías de escalada… y bautizándolas. Casi siempre que coincidimos le pregunto por el significado del apelativo de una u otra vía. Si algunos resultan obvios, otros se antojan incomprensibles y esos, principalmente, suscitan mi curiosidad y me animan, de paso, a escalar las vías en cuestión. ¿Cómo no desear escalar una vía que se la llama ‘Lejos de los gilipollas’? “Abres una ruta, pasas un día magnífico, bajas a la pradera de Ordesa, y el primer tipo que te encuentras es un gilipollas”, me explicó Ravier cuando le pregunté a qué se refería exactamente. Me convenció, por supuesto. ¿Cómo no querer ir a echar un vistazo a una vía de nombre tan farragoso como ‘La irrisoria efervescencia de los comprimidos’?

Poco después de abrir, en compañía de Ravier y Alex Corpas, ‘Los prismáticos de Gavín’, Martín Elías me habló de un largo de 7 a espantoso, expuesto, limpio y difícilmente protegible, obra de Corpas, insensible a los gritos que escuchaba desde la reunión implorándole que metiese un parabolt o al menos un buen pitón. Hace poco encontré el croquis y, para mi sorpresa, además de la información habitual en éste tipo de reseñas, se explicaba el por qué del nombre de la vía. Me pareció una historia buenísima. Tenía que escalar la vía y, de paso, enfrentarme al largo fatídico. ¿Por qué? Ni idea.

Rubén Gudino, en el inicio del cuarto largo.

Rubén Gudino, en el inicio del cuarto largo.

Si se observa desde fuera la pared del Tozal de Mallo, se ven claramente dos fisuras verticales que recorren la pared. La de la derecha es la más famosa y lleva el apellido Ravier, obra del padre y del tío de Christian, en 1957. Su dificultad ronda el quinto grado. La de la izquierda, conocida como fisura Picazo, data de 1986 y en libre alcanza el 7b+. Y aquí reaparece Gavín: en 1944, el hombre describía ésta última vía como un itinerario lógico de ascenso que él mismo abrió… con sus prismáticos, para ofrecer una descripción detallada en la guía Ollivier. “Mentiroso, dulce soñador… las murallas de Ordesa son propensas al delirio”, zanja con elegancia Christian Ravier.

Poco importa que ‘Los prismáticos de Gavín’ recorran la pared del Gallinero y el pilar de Cotatuero: el hombre merecía un pequeño homenaje y la vía es excelente.

Topo de www.christian-ravier.com

Topo de www.christian-ravier.com