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Peña Forato en primavera

Hace ya unos años, prefiero no saber cuántos exactamente, se publicó en CampoBase un artículo firmado por Mikel Zabalza en el que se describía con todo lujo de detalles, fotos y croquis una pared para mí desconocida: la Peña Forato, tan cerca de Panticosa como oculta para los que no sabemos mirar como hay que mirar. Parecía un lugar impresionante con una sola pega: una muy larga aproximación ya fuese con esquís o caminando que aconsejaba dormir en un pequeño refugio libre. Fueron pasando los años y siempre había objetivos mucho más a mano, y aunque sabía que las condiciones se mantenían correctas todo el invierno y más allá, el Forato fue pasando a la recámara de los deberes. Pura vagancia. Este año sin embargo me había propuesto zanjar el asunto, pero después de un viaje en vano, casi acabo tirando la toalla. Una jornada de ‘pirineísmo’ con dos futuros guías, actuales alumnos de Kirolene (Martxel Bereau y Xabi Paternain), me ha permitido regresar a la pared y disfrutar de dos de sus joyas: La vía del ‘Pastor’ y la ‘Leandro Arbeloa’. El lugar es sencillamente impresionante y la pared norte del Forato impone: uno tiene la sensación de estar lejos de todo, aunque con el rabillo del ojo pueda ver los remontes de la estación vecina.

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Martxel Bereau en el tercer largo de la vía del ‘Pastor’.

Con Martxel Bereau a los mandos, empezamos por la vía del Pastor. La vía, rectilínea, es soberbia y encadena tramos sencillos con cortos pero muy intensos pasos delicados. Es como hacer bloque… sin ‘crashpad’ y vestidos como Eduardo manostijeras. Martxel supera con calma los momentos más tensos mientras yo voy recordando el hilarante relato de esta vía firmado por Simón Elías allá por 2009: ‘Ultraresistencia en la vía del Pastor’, se titulaba el texto. Búsquenlo, merece la pena y las risas. La verdad es que cuando desde la reunión veo que las cosas se ponen delicadas, prefiero no mirar para evitar cálculos de probabilidades, factores de caída, resistencia de la reunión… Así, llevado en carroza llegamos al soberbio diedro del último largo, de esos que parecen tumbados y acaban rozando el desplome. Ya lo dice la sabiduría popular: “si parece fácil, sufrirás; si parece difícil, mejor no te metas”. Con mucho temple y pocos friends (paseamos los tornillos de hielo), Martxel vuelve a tirar de extraplanos para montar la reunión y en seguida estamos al sol. Queda la bajada… y el recuerdo de grandes sufrimientos, vivacs a pelo y horas de girar en redondo hasta dar con la canal de descenso que he escuchado en las tertulias de furgoneta. Pero una cordada que ha escalado el día antes la Picazo nos ha dejado sus huellas para que todo sea aún más placentero.

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Martxel, en el largo de de salida.

Como en ‘El día de la marmota’, regresamos a la pared al día siguiente, pero esta vez somos un trío: Xabi Paternain será hoy nuestro piloto. La vía ‘Leandro Arbeloa’ surca una diagonal de derecha a izquierda de la pared, un recorrido estético y elegante que tiene su traca final en un soberbio último largo. Un muro por aquí, otro por allá, y varios ensambles después (de esos tan largos y rápidos que uno se piensa que está en un encierro sanferminero), alcanzamos el muro de salida. A estas alturas, el montaje de reuniones parece un asunto de orfebres, puro olfato y delicadeza: entre roca compacta y roca descompuesta uno no sabe qué hacer con los friends y los pitones, que a veces cuelgan del arnés como jamones en tiempo de cura.

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Xabi Paternain, en los primeros metros del largo final de la vía ‘Leandro Arbeloa’.

“Dificultad media, exposición máxima”. La voz de Xabi suena lejana, tanto como el último seguro que ha colocado. No podía haberlo definido mejor. Ay, el compromiso. Pero el hombre va como un tiro: qué tranquilos son estos jóvenes. Cuando el sol nos da en la cara, ya estamos deseando bajar para volver a subir un día de estos.

PD: Dejo el croquis ‘vintage’ de Zabalza y el más moderno de Korkuerika…

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