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En la Norte del Midi D´Ossau

Dicen que el sueño funciona por ciclos de tres a cuatro horas. El mío termina de forma abrupta con un rugido que identifico con el de las avalanchas, o con el desplome del pórtico de la iglesia en la que dormimos desde las 23.30. Miro el reloj: las tres de la madrugada. Ni rastro de aludes; la iglesia sigue en pie: era Aitor Aramburu con un único, gutural y salvaje ronquido que casi acaba con mis nervios. Necesito una autocarava, o al menos una furgoneta como la que un día tuve. Aunque para dormir tan poco, las iglesias siguen siendo muy socorridas… y esto pese a que algunos se empeñan en iluminarlas con unos focos de concierto. Salir a la montaña de noche, con los crampones en las botas y su sonido en la nieve dura, siempre me ha parecido un gesto especial, música celestial. Estamos en mayo, pero el invierno ha sido tan extraño que seguimos con muchas ganas de recorrer caras norte como la que hoy nos ocupa: en el Midi D´Ossau. No es la primera vez que me paseo hasta la alejada cara norte de esta bella montaña, pero hasta la fecha siempre lo he hecho a destiempo, renunciando ante las condiciones adversas. En esta ocasión, he hecho mejor los deberes: me acerqué hace un par de semanas con los esquís y lo que vi me pareció espectacular.

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Así lucía la pared tres semanas atrás…

El día está despejado, ha helado y aunque la isoterma ha subido sabemos que es el día perfecto para recorrer cualquiera de las tres vías de la pared norte. Escogemos la vía ‘Y a du grisou dans le tempo’, sobre todo porque Aitor ya conoce la ‘Canaleta santa Coloma’ y a mí siempre me ha gustado el juego de palabras de la vía abierta por Benoit Dandonneau y Joan Carles Griso en enero de 1993. Empiezo a echar cuentas de las veces que he recorrido éste mismo camino en verano e invierno, camino del refugio de Pombie, con amigos, clientes o en solitario: muchas. Lo increíble es que no me aburro, tanto el escenario es impresionante. No se ve un alma, el amanecer nos sorprende recién pasado el refugio, la nieve dura, perfecta, nos permite avanzar muy rápido, como nos gusta. Además, la víspera, Fernando Peralta y Nacho Merino con otro amigo, más otra cordada en la que estaba Rémi Thivel recorrieron la ‘Canaleta Santa Coloma’ (éste evitó la entrada directa por la izquierda, igual que nosotros) y nos beneficiamos de sus huellas para ir aún más cómodos. No llevamos croquis de la vía, pero confiamos en dar con el mejor trazado posible. La clave de la vía está en el muro que rompe la pared en su parte central. Aquí se dibujan varias goulottes, cada cual más atractiva: escogemos la situada más a la izquierda, la que presenta el mejor hielo. Sigue un largo de casi 60 metros precioso: esto parece los Alpes.

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Aitor, en el soberbio largo de la parte central, tras la campa de nieve.

 

Unos desplomes nos reconducen a la derecha, donde viene un breve pero muy tonto largo, de esos de pies lisos donde los crampones bailan claqué y la protección es complicada. Nos quedamos bajo un diedro de aspecto feroz: afortunadamente, la vía discurre por otro diedro más amable, a la derecha. El sol viene a recibirnos en el último largo. Estamos fuera, y para evitar el siempre expuesto descenso por la vía normal, buscamos a nuestra derecha la arista que lleva a cima, y un rápel de 60 metros que nos deja en el circo sur: jugada perfecta, por rápida y sencilla. La norte del Midi era un sueño. Ya lo dijo Thivel: “El Pirineo es infinito”.

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Aitor saluda desde la reunión en el largo de salida de la vía.