Guiar y dejarse guiar

Guía de Alta Montaña UIAGM

Guía de Alta Montaña UIAGM

El oficio de guiar fue, primero, un asunto de contrabandistas, buscadores de cristales y cazadores que enseñaban las vistas privilegiadas del Valle de Chamonix a grupos de curiosos aristócratas ingleses. Aún faltaban 50 años para estrenar el siglo XIX… En 1821, el oficio de guiar nace de forma oficial, con la primera Compañía de Guías de Chamonix, que sirve para reconocer y regular la nueva profesión. Hoy en día, Chamonix sigue siendo la meca del alpinismo europeo y de la profesión… pero no es, ni de lejos, el único terreno de expresión para los amantes del alpinismo.

Guiar y ser guiado es, sencillamente, compartir una experiencia en montaña. Las numerosas facetas del alpinismo pueden conjugarse en singular, pero algunos preferimos hacerlo en plural para aprender, ver más allá, superarse, crecer o evadirse.

La montaña se vive, genera sensaciones y sentimientos difícilmente cuantificables, pero también se entiende: sin conocimientos profundos es complicado acercarse a ella de forma segura. Un guía no garantiza la seguridad absoluta, no hace que desaparezcan los peligros objetivos, pero ayuda a identificarlos y a gestionar su presencia. La montaña tampoco se consume: más alto no es más bello ni más difícil, sino solo más alto. Un pico de renombre esconde muchos picos sin nombre pero posiblemente más aislados, poco frecuentados e igualmente estéticos. Debemos saber por qué y para qué acudimos a las montañas.

Gavarnie